Mis Escritos

Mis escritos

son gratutitos

copia y pega

y ya está.

Los derechos de autor son demasiado caros

son la excusa del depredador

para hacer dinero fácil

a costa del escritor.

Por eso prefiero confiar

en que se reconocerá mi autoría.

Por eso, yo regalo mi trabajo

siempre que reconozcan mi autoría...

Copia y pega y es todo tuyo,

con mi nombre en el final.

Gracias

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martes, 8 de enero de 2008

La gente: efluvio de metáforas.

La gente socava los cimientos urbanos
en una colosal proeza cotidiana.

La gente ensambla autos en cadenas de montaje,
la gente recrea zapatos en las manovías,
la gente cose vestidos a granel
con ilusa y cordial algarabía.


La gente va en tropel
-como el ganado va al matadero-
así va la gente, en busca del dinero;
de este a oeste, de arriba a abajo,
en tosca desbandada, en larga estampida,
cazando en el aliento un hálito de vida.

La gente vende, engaña, convence, se ensaña;
la gente juega, roba, estafa, ataca,
chantajea, desluce, se luce, atraca,
mata y se mata diariamente.
La gente se atribuye el imponente
emblema del esbirro.

La gente suda birra,
cuba libre, daiquirí, gin tonic y tetero,
ron, aguardiente, whisky y tequila,
entre un destornillador de paleta y otro de estrías:
-blossom mary-


La gente ya no fía,
la gente no se fía
de la gente...
¡naturalmente!

La gente exhala coca y marihuana,
crack, eroina, nicotina
que asesina.
La gente es un dolor que camina...
un dolor hiperbólico; desmesurado,
de cerros de arenisca poblado.

Rodando va el dolor cerro abajo
con las lluvias, con el hambre
y la miseria;
arrastrado por progresos clandestinos
como caños, como aludes, como ríos.

Pero volvamos a la gente
miserable y parnasiana.

Porque también es gente
el herrero doblado ante la fragua,
el carpintero con cara de martillo,
el pintor amarrado a su rodillo,
el plomero, carcelero de las aguas.

El panadero reverente de la masa,
el carnicero trajeado de novillo,
el soldado del último cerillo,
el pastelero ornado de uva pasa.

Porque también es gente
el comediante de risa elusiva,
el cirujano midiéndonos la vida,
el aviador, partida tras partida,
el escultor, su estatua casi viva.

Y el arquitecto que sueña catedrales,
el ingeniero que ingenia sus ingenios,
el transeúnte en busca de avos genios
y el curandero ignaro de los males.

Porque también es gente
el campesino esclavo del arado,
el alfarero esclavo de la arcilla,
el diputado esclavo de su silla
y el presidiario esclavo del pasado.

El militar esclavo de su bala,
el estudiante esclavo del diploma,
el huerfanito, pupilas de paloma,
la triste viuda esclava de su pala.

Porque también es gente
el violinista de plazas y caminos,
el drogadicto con ojos lapidarios,
el sepulturero que cela los sudarios
y el catador que es goce de los vinos.

El alpinista que sube hasta la cima,
el sacerdote sufrido y sin esposa,
el mendigante de hambre polvorosa,
el harapiento olvidado por el clima.

Y esos locos que han perdido la razón:
el huele pega, el recogelatas, el sicario
la meretriz que parece parvulario;
todos ellos, también mi gente son...


Todo un efluvio de metáforas
paseándose entre la gente,
cotidianamente...

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